Personaje vivo (Eugenio Gómez un albarquero de 80 años)

Era mediodía. El campo no tenía otro movi­miento que el del acarreo de la hierba. Euge­nio Gómez Mantilla, el artesano de 80 años, acababa de regresar de sayar los «panizos».
Se habIa levantado a las cinco de la mañana, a fin de realizar esa labor. Estaba cansado. Pero, aun así, se prestó a hacernos una demostración de cómo se fabri­can unas albarcas, en su rudimentario taller instalado, como todos los de esta naturaleza, en el estragal de su vivienda. Mientras él manejaba la legra nosotros tomábamos nota de sus respuestas a nuestras preguntas.

-Esto del oficio de albarquero lo aprendí de mi padre que era el “as” de la comarca. ¡Yo no he visto otro como él !

Unos trozos de madera de parecido tamaño, el taladrero, aquella especie de «potro» que hace de torno, un banco y toda clase de objetos sobre los que se veía las gallinas y, al fondo, el perro atado que no dejaba de ladrar. Nada ha cambiado allí con los años.

-Se suele emplear en la fabricación de albarcas, madera de nogal, abedul, salce, alisa… Estas son de abedul.

-¿Y qué clase de madera es mejor?

-No hay madera mejor ni peor. Hay abedul bueno y malo, alisa buena y mala, nogal bueno y malo. Depende de como salga.

Se centra en su trabajo, mientras las primeras placas fotográficas quedan impresionadas. El perro ladra y nos interrumpe. Las albarcas aún sin «pintar», están prácticamente terminadas.

-La primera herramienta que se utiliza es el hacha, después la azuela, con la que se da forma a la albarca; el barreno se coge ya cuando hay que hacer la parte interior, para abrir el hueco y, por fin, la legra que es con la que se hace la «casa» o parte delantera donde se mete el pie. El cuchillo o la navaja sirven para dejar lisa la superficie antes de tratarla con lija. Luego se «pinta».

-En otros tiempos yo era capaz de hacerme hasta tres pares de albarcas diarias, aunque me levantara a las 5 de la mañana muchas veces y me acostara a las doce de la noche o ya de madrugada del día siguiente. Ahora tardo tres días o más en hacer un par. La legra es una especie de rizo metálico afilado por los bordes, sujeto a un mango de madera, que nos recuerda esos pequeños instrumentos que se utilizan para sacar «rizos» de mantequilla. Las birutas salen lentamente del interior del calzado de madera. Tampoco hay prisa. No se usa ya tanto este calzado.

Entrevista sacada de el libro “Cantabria de pueblo en pueblo”, editado en 1981 por la Caja rural de Santander y el diario Alerta.

3 comentarios

  1. ya sabes airnoja que con estos testimonios me has conquistado (rollo ferrero roché) :-)

    Ese libro que tienes es una maravilla

  2. Me recuerda a mi abuelo, al que apenas conocí. El allá en Perrozo, en la Liebana, también hacia albarcas y dicen que era bueno en su oficio, lastima que ninguno de los hijos siguiera la tradición.

  3. Me encantó este post.

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