Anchoas a mares

Tal día como hoy, hace 48 años, la lonja santoñesa estableció el récord mundial de venta de pescado en un sólo día Aquella mañana se subastaron un millón y medio de kilos de bocarte para su transformación en filetes de anchoa

05.04.2008 -ÍÑIGO FERNÁNDEZ

La preocupación por la escasez de bocarte, por la situación del caladero en el Golfo de Vizcaya, por el futuro del sector pesquero en Cantabria y por sus repercusiones en la industria dedicada a la elaboración de filete de anchoa y anchoa en salazón no es nueva. Lleva años arrastrándose y nada, o muy poco, invita al optimismo.

Pero las cosas no siempre fueron así. Hubo un tiempo en que el bocarte abundaba, y miles de personas en Cantabria vivían de su captura y su transformación. La flota pesquera (sector extractivo) obtenía en la costera del bocarte los ingresos más importantes de todo el ejercicio. La industria conservera (sector transformador) generaba actividad y trabajo para todo el año.

En los pueblos de Cantabria con tradición marinera, la llegada de la primavera -la llegada del bocarte- era algo así como el fenómeno de la vendimia o de la cosecha. Quien más, quien menos, todos dependían de ello. Y si la costera era buena, esa riqueza se compartía.

Los años de bonanza quedan en el recuerdo de los más veteranos, pero no están tan alejados en el tiempo. Son relativamente recientes. Las décadas de los setenta y los noventa aun arrojaron buenas costeras, pero la auténtica bonanza se produjo en los años sesenta, cuando Santoña se convirtió, hasta hoy, en la capital mundial de la anchoa.

Los años de bonanza

En 1965 llegaron a capturarse en todo el litoral cantábrico 85 millones de kilos de bocarte en una sóla costera. Es una cifra espectacular si se compara con los datos de las tres últimas décadas. Sirva como ejemplo que ese volumen de pescado es tres o cuatro veces superior al que, según los cálculos de los científicos, puede contener hoy en día el Golfo de Vizcaya en sus profundidades.

Para las fábricas, elaborar 85 millones de kilos de anchoa fue algo así como multiplicar por cuatro la producción actual. Entonces, sólo con anchoa del Cantábrico. Hoy, con anchoa procedente de todos los mares del Mundo (Marruecos, Croacia, Irán, China, Argentina, Perú, Chile…), cuyo proceso de maduración y posterior elaboración tiene lugar en las fábricas de Santoña y su entorno. Los años sesenta fueron los de la bonanza. En 1960 y en 1965 se superaron los 80 millones de kilos.

Pero la fecha mítica que nadie olvida es la del 5 de abril de 1960. Tal día como hoy, hace 48 años, en el puerto de Santoña se subastaron un millón y medio de kilos de bocarte. Ello supuso el récord mundial de venta de pescado de una misma especie en un mismo día con métodos artesanales. Hoy, nadie se plantea que aquel récord pueda llegar a peligrar.

Anécdotas y recuerdos

Manuel Adolfo Muela, cronista local y presidente de la sociedad Recuperación Histórica de Santoña (Rehisán), trabajaba en la fábrica de salazones de Giuseppe Sanfilippo, uno de los muchos italianos llegados a Santoña a lo largo del siglo XX atraídos por la anchoa y que, pasado el tiempo, se afincó en la villa para siempre.

El 5 de abril de 1960, Muela tenía 16 años y recuerda que no había ni manos ni capacidad física para absorber semejante cantidad de bocarte. «Hasta las doce de la noche estuvimos en el muelle. Todo estaba desbordado: si tenías carro para transportar la pesca, no tenías caballo; si tenías caballo, no tenías cestos».

En las fábricas «la pesca se tiraba al suelo y se le echaban palas de sal, porque las tinas y las pilas estaban completamente llenas», asegura. De ese modo, el pescado se podía mantener por espacio de varios días antes de ser descabezado y salazonado.

También recuerda aquella jornada Ángel Martínez Estebanet, cuyo padre trabajaba en la báscula de la lonja. «Aquellos días mi madre me mandaba a la venta con la comida para mi padre, porque no paraban de pesar carros en todo el día y el hombre no tenía tiempo ni para ir a casa a comer».

Martínez Estebanet, que regenta un vivero de marisco, almejas y percebes en la calle del Duque, explica que los carros formaban fila a lo largo de Juan Benigno Fernández -donde se encontraba la báscula- y Juan José Ruano, hasta el muelle. Después de pesar, dejaban la pesca en las fábricas y regresaban de nuevo al muelle.

El padre de Víctor Ruiz Teja, presidente de la Cofradía de la Anchoa de Cantabria, era contratista de obras. Aquella mañana los peones y albañiles dejaron el ‘tajo’ y dedicaron la jornada a construir pilas con ladrillo y cemento en el interior de las fábricas, con el fin de incrementar la capacidad de almacenamiento. «Eran pilas de un metro por un metro. La anchoa se dejaba allí con sal», explica. «Aquel día, todo el pueblo se volcó ante la avalancha de bocarte».

Otro de los protagonistas de aquella memorable fecha es Alejandro Collado, que entonces se encontraba al frente de la fábrica Conservas Collado, una de las más antiguas de la villa. Collado recuerda que «la pesca la dejábamos allí, en cualquier sitio, con sal, pensando en que, cuando pasaran aquellos días, ya tendríamos tiempo de que las obreras fuera descabezándola». Asegura que compraron cerca de 100.000 kilos de bocarte, para su propia fábrica y para Conservas Masó.

Una día de fiesta

Las suyas son algunas de las anécdotas de aquel día, pero hay muchas. De hecho, todos en Santoña guardan algún recuerdo de aquel día: las obreras, de las durísimas jornadas de trabajo en las fábricas; los pescadores, de la ilusión por unas ‘partijas’ que se presumían cuantiosas; los fabricantes, de lo que suponía para sus industrias conserveras; los comerciantes y hosteleros, de la riqueza que esas costeras significaban para el resto de los negocios de la villa. Incluso los niños de entonces, hoy cincuentones, recuerdan el espectáculo que significaba para ellos ver el muelle lleno de barcos no sólo de Santoña, sino también procedentes de Orio, Getaria, Bermeo, Lastres… Los niños salían de las clases y se dirigían directamente al muelle.

Todo en aquella jornada fue una fiesta y así se recuerda entre los santoñeses, aunque algunos testimonios se hayan perdido. ¿Qué no podrían contar de aquel día Antonio Cefalú o Tomás Hoya, por citar dos pérdidas recientes, y tantas y tantas obreras de las fábricas conserveras?. Afortunadamente, la memoria colectiva de Santoña conserva el recuerdo de aquella jornada, una de las más memorables, sin duda, que la villa haya proporcionado a lo largo de toda su historia.

Fuente: D.Montañés

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4 comentarios

  1. De aquellos vientos vienen estas tempestades, millones de capturas, nada de mirar para el futuro y el futuro está aquí, ahora ya de aquello no queda nada. Antes mi bocado preferido era el bocata de anchoas, luego se puso prohibitivo y ahora ya es como el caviar, ¡que tiempos! no creo que vuelvan. El mar está esquilmado.

    Buen reportaje y sobre todo me gustaría felicitarte por el blog, últimamente paso con menos asiduidad pues una lesión en el brazo me tiene frito pero cada vez que paso lo veo más bonito, me gusta mucho tu nuevo diseño, ojalá yo supiese trabajarme la página como tú.
    Un saludo

  2. Y yo me pregunto ¿pasara lo mismo con el bonito y el verdel?

    Esperemos se sea mas cauto en estas otras especies…

    Chusbg el contenido es lo mas importante…nunca me gustaron las pijas tontas, me gustaron mas las pijas listas…

    Un salu2 y ha cuidarse que últimamente no levantas cabeza….mucho animo y haber cuando nos deleitas con fotos de tus paseos…

  3. Muy buen reportaje pero lo de llamar a la anchoa bocarte…

  4. Alf, cuestión de diferentes nombres, pero no de especie.

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